Lactancia artificial

Una madre sana, física y emotivamente, no debe tener dificultades para llevar a cabo la lactancia materna, pero se pueden dar situaciones que obliguen a una lactancia mixta (combinando pecho y biberón), o a una lactancia totalmente artificial con productos de fórmula adaptada sólo con biberón. En la lactancia mixta el bebé se beneficia de las ventajas de la leche materna, aunque la reciba en pequeñas cantidades. Cuando la lactancia materna no es posible, la madre no debe sentirse culpable ni vivir con ansiedad esta situación.

La composición habitual de las leches maternas y las necesidades de los bebés en cada momento son la base para establecer la fórmula de los componentes de la leche artificial infantil.
Se distingue entre fórmulas de inicio para los cuatro o seis primeros meses y fórmulas de continuación para después de los seis meses, con cantidades y nutrientes adaptados a las distintas necesidades. La leche de vaca, hoy en día, no se considera un alimento adecuado durante el primer año de vida.
Este tipo de lactancia sólo es más laboriosa, nos cuesta algún dinero y puede resultar problemática si no se realiza correctamente.

  • La lactancia con biberón puede iniciarse en las primeras horas, a intervalos de tres o cuatro horas, según el apetito del bebé. Orientativamente, el número de tomas será de siete u ocho para el recién nacido, seis para el segundo y tercer meses, y cinco para el cuarto.
  • La cantidad total de la ración alimentaria puede sufrir variaciones individuales en función del peso y del apetito de cada bebé, así como de la tolerancia que tenga al alimento. Se debe consultar siempre con el pediatra si no gana peso, vomita o tiene diarrea.


Para que la lactancia con biberón sea eficaz, se hace imprescindible que cuidemos los siguientes aspectos:

  • Lavarse las manos antes de preparar el biberón.
  • En Galicia, en las condiciones sanitarias actuales, el agua del grifo tiene la suficiente garantía sanitaria y no precisa manipulación alguna. No ocurre lo mismo con las aguas de pozo o manantial; en estos casos, es necesario hervir el agua dos minutos y dejarla enfriar sin manipularla.
  • Emplear leche de fórmula infantil: ésta es la única leche que cubre adecuadamente las necesidades del bebé, independientemente de la marca comercial.
  • No es necesario hervir en agua biberones y tetinas; es suficiente un buen lavado con agua, jabón y cepillo inmediatamente después de cada utilización.
  • Reconstruir adecuadamente la mezcla según las instrucciones del fabricante; por lo general, una medida rasa de polvo de leche (5 gramos) por cada 30 mililitros de agua. A más agua, más cacitos rasos, siempre en la misma proporción. Utilizar el dosificador que viene con el bote. Agitar para que se disuelva bien.
  • No le hace ningún bien al bebé no rasar bien los cacitos o, al final, añadirle un poco más de propina. Sólo conseguiremos hacerlo obeso.
  • Lo ideal es calentar el biberón al «baño maría» en un poco de agua. En el horno microondas no se reparte tan bien la temperatura y el vidrio está más frío que el líquido del biberón. Es necesario agitar la leche para que no nos engañe.
  • Comprobar siempre la temperatura de la leche preparada, vertiendo algunas gotas en el dorso de la mano o poniendo el biberón en la mejilla.
  • Coger al bebé bien sentados y cómodos como para darle de mamar, y apretarlo suavemente, mirándole a la cara mientras come. El contacto afectivo, tan importante, no tiene por qué ser distinto que en el amamantamiento materno.
  • La leche debe salir gota a gota de la tetina. Revisémosla y cambiémosla periódicamente para que siempre tenga el agujero adecuado. La tetina, mientras el bebé mama, debe estar llena de leche para impedir que trague mucho aire.
  • Después de la toma, debemos ayudarle a expulsar el aire tragado; apoyarlo sobre un hombro en posición vertical suele ser suficiente.
  • Cuando el biberón queda a medias, no se guardará para la toma siguiente, pues las bacterias crecen con mucha facilidad en la leche preparada. Tirar la que sobre.

Madre ayudando al bebé a expulsar el aire tragado durante la toma.


Después de la toma, ayúdale a expulsar el aire tragado; apoyarlo sobre un hombro en posición vertical suele ser suficiente.

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