Asegurar una alimentación saludable

Una adecuada alimentación en la primera infancia influye decisivamente en el crecimiento y desarrollo tanto físico como mental, y disminuye enormemente el riesgo de infecciones. Por el contrario, una alimentación infantil inadecuada, en calidad o cantidad, condicionará la aparición de enfermedades por defecto de nutrientes –desnutrición– o por exceso de ellos –obesidad– que pueden repercutir negativamente tanto en la salud actual como en la de adulto.

Los buenos o malos hábitos alimentarios se adquieren ya en la primera infancia y, de que los hijos establezcan los más saludables, son responsables los padres.
En estas edades, una alimentación adecuada, además de satisfacer las necesidades de un crecimiento acelerado, debe favorecer la adaptación progresiva a los distintos tipos de alimentos, texturas y sabores. Los momentos de comer deben favorecer las relaciones con los miembros de la familia y con el ambiente para ir practicando y estableciendo, progresivamente, hábitos alimentarios saludables.
En el apartado de Tablas de crecimiento se incluyen gráficas de peso y tamaño, diferenciadas para niños y niñas, que permiten valorar la buena marcha de un crecimiento corporal adecuado en cada edad.
Se estima que el bebé, a los diez días, recupera el mismo peso que tenía cuando nació, duplicado a los cuatro meses y triplicado a los diez meses, engordando a un ritmo de 200 a 250 gramos cada semana durante los tres primeros meses, y de 150 a 175 gramos del tercero al sexto mes.
 
En los dos primeros años se pueden diferenciar tres etapas alimentarias consecutivas:

1ª etapa: de lactancia exclusiva. Desde el nacimiento hasta los cuatro o seis meses de edad.
El bebé toma, exclusivamente, leche de la madre –lactancia natural– o leche artificial –lactancia con biberón–, sólo justificado en los escasísimos casos en que el amamantamiento materno no es posible o está contraindicado por razones médicas objetivas.

2ª etapa: de introducción progresiva de alimentos complementarios. Desde los cuatro o seis meses hasta el año de edad.
Sin abandonar la lecha materna o la lecha adaptada de biberón, que seguirá siendo en esta etapa la base principal de la ración alimentaria diaria del bebé, se irán añadiendo, paulatinamente y con un cierto orden, los diversos tipos de alimentos sólidos complementarios.

3ª etapa: de adulto modificada. Desde el año a los tres años de edad.
En esta etapa, la leche materna todavía puede proporcionar hasta una tercera parte de la energía y proteínas que necesita un niño durante el segundo año. La recomendación actual de UNICEF es seguir dando el pecho hasta los dos años o más. Por lo demás, deben haberse introducido ya todos los alimentos y estar, por lo tanto, incorporado a la mesa familiar. La alimentación diferirá de la del preescolar fundamentalmente en las texturas y en las preparaciones culinarias.

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