Asegurar una alimentación infantil saludable

Una adecuada alimentación en la primera infancia influye decisivamente en el crecimiento y desarrollo tanto físico como mental, y disminuye enormemente el riesgo de infecciones.

Por el contrario, una alimentación infantil inadecuada, en calidad o cantidad, condicionará la aparición de enfermedades por defecto de nutrientes –desnutrición– o por exceso de ellos –obesidad– que pueden repercutir negativamente tanto en la salud actual como en la de adulto.

Los buenos o malos hábitos alimentarios se adquieren ya en la primera infancia y, de que los hijos establezcan los más saludables, son responsables los padres.

En estas edades, una alimentación adecuada, además de satisfacer las necesidades de un crecimiento acelerado, debe favorecer la adaptación progresiva a los distintos tipos de alimentos, texturas y sabores. Los momentos de comer deben favorecer las relaciones con los miembros de la familia y con el ambiente para ir practicando y estableciendo, progresivamente, hábitos alimentarios saludables.

La cartilla de salud infantil incluye gráficas de peso y tamaño, diferenciadas para niños y niñas, que permiten valorar la buena marcha de un crecimiento corporal adecuado en cada edad.

Se estima que el bebé, a los diez días, recupera el mismo peso que tenía cuando nació, duplicado a los cuatro meses y triplicado a los diez meses, engordando a un ritmo de 200 a 250 gramos cada semana durante los tres primeros meses, y de 150 a 175 gramos del tercero al sexto mes.

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